LIBRES E IGUALES

“La heterosexualidad no es normal, solo es común”..

LIBRES E IGUALES

El amor tiene que ser libre y debe de haber protección para las parejas, sean del sexo que sean..

LIBRES E IGUALES

Nunca seas intimidado por el silencio, acepta tu definición, defiéndete..

LIBRES E IGUALES

Derrumba esas puertas del armario, ponte en pie y comienza a luchar..

LIBRES E IGUALES

No hay nada malo en ti, el mundo en el que vives es el que está mal.

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domingo, 25 de abril de 2021

Soy Mujer y Punto

 


Es por ello, ser mujer es una circunstancia que solo hace que seamos y punto, más complejas o menos complejas, y esa diferencia o similitud es la que nos hacer gritar…

No es un problema de genitales, o de sexo, o de sentimiento, o de orientación sexual. Sólo pasa a ser la verdadera realidad de ser mujer por el simple o quizás complejo hecho de serlo.

Ser Mujer

Además, el camino a determinar si la verdad es un problema de genitales, o de sexo, o de sentimiento, o de tendencia sexual.

Asi mismo, solo pasa a ser la verdadera realidad de ser mujer por el simple o quizás complejo hecho de serlo. Ser mujer es una consideración que va mucho más allá de un género, va mucho más allá de lo que para muchos significa el feminismo o lo contrario a ello.

Es por ello, ser mujer es una circunstancia que solo hacer que seamos y punto, más complejas o menos complejo, y esa diferencia o similitud es la que nos hacer gritar… Soy Mujer y Punto.

Hagamos un hecho de nuestro derecho

 


«Hagamos un derecho de nuestros derechos» busca encausar la necesidad de conocer qué somos en realidad como ciudadanos de derecho en un mundo civilizado que se apega a nuestras verdades.

Hagamos un hecho de nuestro derecho. Educando contra la discriminación en Venezuela.

Es así, como este proyecto es una Herramienta para la educación y sensibilización contra la discriminación LGBTI.

Así mismo, en pro de una sociedad más justa e igualitaria. 

Hagamos un hecho, seamos todo aquello que necesitamos reflejar; y nuestro derecho a ser quienes por decreto de vida somos. 

Si conocemos nuestros derechos nos damos cuenta que tanto los respetamos. En principio nuestros derechos para luego entender los derechos de los demás.



Violencia contra Personas LGBTI en América



Violencia contra Personas LGBTI. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante «Comisión Interamericana», «Comisión» o «CIDH») se encuentra preocupada por los altos índices de violencia que se registran contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex (LGBTI), o aquellas personas percibidas como tal, en el continente americano, y la ausencia de una respuesta estatal eficiente frente a dicha problemática.

Esto se evidencia en la falta de adopción de medidas efectivas para prevenir, investigar, sancionar y reparar actos de violencia cometidos contra personas LGBTI, de acuerdo al estándar de debida diligencia. Mientras que la CIDH reconoce que se registran avances en algunos Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (en adelante “OEA”), la violencia contra personas LGBTI continúa ocurriendo de manera generalizada en todo el continente americano.

El informe se enfoca de manera particular en actos de violencia física contra las personas con orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género no normativas, o cuyos cuerpos varían del estándar corporal femenino y masculino en América.
Violencia contra Personas LGBTI

En relación con los actos de violencia contra personas lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT), la CIDH destaca en este informe que éstos suelen demostrar altos niveles de ensañamiento y crueldad. Por ejemplo, en varios casos documentados por la CIDH, los cuerpos sin vida de personas LGBT demuestran que han sido torturados, sus genitales mutilados, sus cuerpos descuartizados y marcados con símbolos que denotan altos niveles de prejuicio.

En este informe, la Comisión se enfoca en la violencia contra las personas LGBT, social y contextualizada, motivada por el perpetrador, comprendida como fenómeno complejo y multifacético, no sólo como un acto individual.
CIDH

En ese sentido, la CIDH entiende que los actos de violencia contra las personas LGBT, comúnmente conocidos como “crímenes de odio”, actos homofóbicos o transfóbicos, se comprenden mejor bajo el concepto de violencia por prejuicio contra las orientaciones sexuales y las identidades de género no normativas (en adelante “violencia por prejuicio”). La violencia por prejuicio es un fenómeno social, que se dirige contra grupos sociales específicos, tales como las personas LGBT, tiene un impacto simbólico, y envía un mensaje de terror generalizado a la comunidad LGBT.

De manera similar, la Comisión estima que la violencia contra las personas intersex es una forma de violencia por prejuicio contra la diversidad corporal y específicamente, contra las personas cuyos cuerpos no concuerdan con el estándar socialmente aceptado de cuerpos femeninos y masculinos.







Desigualdad invisible: el contexto de las personas LGBTI en América Latina


Escuchamos de forma recurrente que lo que no se mide no se puede mejorar, en ese sentido han surgido diversos esfuerzos para monitorear y definir las dimensiones de las brechas de desigualdad que existen en América Latina, sin embargo, en muchas ocasiones estos ejercicios han dejado fuera variables importantes como la discriminación y exclusión que existe por motivos relacionados a la orientación sexual e identidad de género no normativas.

Las problemáticas que enfrentamos las personas LGBTI en la región son grandes, crudas y constantes, de forma empírica, quienes las vivimos, en algunos casos logramos identificarlas, sin embargo, son pocas las veces que estas variables han sido incorporadas, investigadas y tomadas en cuenta en las políticas encaminadas a combatir la desigualdad

Cuando se habla de desigualdad, comúnmente se centra gran parte de la discusión en las disparidades que existen en el ingreso, el poder adquisitivo o el acceso a bienes y servicios, generada principalmente por la acumulación de riqueza de una elite y la deficiente distribución de los recursos por parte del Estado, sin embargo, de forma recurrente se omiten dimensiones fundamentales en esta discusión.

Esto se debe en parte a que hoy en día, existe muy poca información estadística referente a las personas que viven orientaciones sexuales e identidades de género no normativas, es decir, por mucho tiempo los gobiernos de la región no han considerado relevante observar, medir y monitorear las realidades que enfrentan las personas de la diversidad sexual y su impacto en el acceso a los derechos humanos, las cuales comprenden discriminación, exclusión y violencias sistemáticas, que por ser tan normalizadas en nuestra sociedad, se han invisibilizado.

En los últimos años han surgido algunos esfuerzos, por parte de la sociedad civil como de algunos gobiernos, que comienzan a hacer visible esta realidad y esto lejos de ser esperanzador es alarmante, ya que las pocas estadísticas existentes demuestran que el contexto es mucho mas complejo de lo que se había logrado comprender o visibilizar.

Los avances en ese sentido han sido sustanciales, hoy América Latina es una de las regiones del mundo en donde existe mayor protección legal hacia las personas LGBTI, lo que resulta paradójico porque es también la región que encabeza las pocas estadísticas globales de asesinatos por odio, siendo desproporcionadamente víctimas las mujeres trans.

Esto evidencia algunas cosas, en primer lugar, que el avance no ha sido equitativo entre la inclusión de personas con orientaciones sexuales no normativas y aquellas con identidades de género no normativas.

Es por esto que cuando hablamos de la población LGBTI, debemos reconocer que se esta haciendo referencia a diferentes aspectos de la sexualidad humana, por una parte LGB habla de las orientaciones sexuales Lésbico Gay Bisexual, las cuales se han visto incluidas a través de las leyes o sentencias judiciales referentes al matrimonio igualitario y los demás derechos civiles derivados de este, pero también se hace referencia a las personas Transexuales, Transgénero y Travesti, para quienes estos avances han sido mucho menores y por ultimo hace referencia también a las personas Intersexuales, quienes han sido prácticamente omitidas en este proceso de reconocimiento de derechos.

Esto es relevante porque demuestra que al hablar de la población LGBT no podemos asumir que es un grupo homogéneo de personas que viven la misma situación de desigualdad y que por ende el mínimo de los esfuerzos en pro de la inclusión les beneficia de forma pareja, la complejidad de la agenda reside en que cada una de las identidades en ella representada enfrenta situaciones especificas de exclusión que deben ser atendidas de forma diferenciada.

Es decir, a pesar del reconocimiento logrado en la última década en la región, no se ha registrado una mejora sustancial en las condiciones de vida de las personas LGBT ni mucho menos se ha logrado disminuir las brechas de desigualdad existentes.

Por el contrario, hay quienes sostienen que esta visibilidad ha detonado un recrudecimiento de las violencias, lo cual es difícil de determinar con precisión ya que como se mencionó anteriormente los registros estadísticos de la violencia hacia personas LGBT son aun deficientes, lo que sí se puede declarar es que estas han sido muy pobremente atendidas por parte de las autoridades.

Lo que nos lleva hacia el reto principal, alcanzar la igualdad sustantiva de las personas LGBTI en la región. Si bien para lograr esto aun hay pendientes legislativos que aprobar, lo que es más apremiante es la necesidad que desde los gobiernos ejecutivos se pongan en marcha robustas políticas publicas encaminadas a disminuir las brechas de desigualdad que aquejan a esta población, por lo que incorporar un enfoque diferenciado en estas, así como agresivas acciones afirmativas y medidas de inclusión, acompañadas de indicadores claros que permitan reconocer la dimensión estructural de esta desigualdad y a su vez midan su paulatino avance, o retroceso, es urgente.

Lo que es cierto es que la inclusión no puede ser impuesta, estas políticas o acciones afirmativas no pueden quedarse únicamente en la persecución de la mejora en torno a los indicadores, sino que deben tener una fuerte consideración en la promoción de un cambio cultural.

Vivimos un momento en donde la polarización tiene grandes rendimientos políticos y quienes están haciendo uso de ella para ejercer el poder, están, de forma consciente o inconsciente, generando contextos cada vez mas hostiles para las personas de la diversidad sexual y de género.

Hoy vivimos en la América latina mas incluyente hacia las personas LGBTI de la historia, pero también vemos con preocupación que rápidamente este contexto se transforma hacia una sociedad polarizada, que utiliza nuestra agenda, nuestros cuerpos y nuestras identidades como una arena para librar batallas políticas que lejos de procurar la igualdad buscan satisfacer los intereses de la elite económica que siempre se ha beneficiado de la desigualdad.

Es por esto que el reto principal de las políticas de combate a la desigualdad es no solo hablar de esta problemática desde los indicadores económicos de ingreso, o distribución de la riqueza, sino también desde las personas y sus interseccionalidades, sin esto difícilmente vamos a poder trazar un horizonte de igualdad en la región.




Las Naciones Unidas y los derechos de las personas LGBTI




El Secretario General de Naciones Unidas y muchos otros altos funcionarios de Naciones Unidas han expresado su inquietud con respecto a las violaciones de los derechos humanos sufridas por personas LGBTI. Las Naciones Unidas están abordando cada vez más los problemas prioritarios que enfrentan las personas LGBTI. Entre las acciones específicas se incluyen:


En marzo de 2011, Colombia remitió una Declaración conjunta al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas sobre la finalización de los actos de violencia y violaciones a los derechos humanos en base a la orientación sexual y la identidad de género. Esta declaración, realizada en nombre de más de 80 Estados Miembros de Naciones Unidas, reconoció públicamente el tratamiento inaceptable que reciben personas de todo el mundo por su orientación sexual o su identidad de género.


En junio de 2011, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas adoptó la Resolución 17/19, que reconoce que se cometen actos de violencia y discriminación contra las personas LGBTI en todo el mundo. La Resolución solicitó a la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) que preparase un informe sobre estos problemas. Este informe esbozó los problemas que enfrentan las personas LGBTI y reiteró la obligación de todos los Estados de proteger los derechos de todos sus ciudadanos. El informe recomienda que todos los Estados investiguen los actos de violencia graves, deroguen las leyes que criminalizan la homosexualidad y promulguen leyes para prevenir la discriminación por razón de la orientación sexual y la identidad de género.


En julio de 2013, la ACNUDH lanzó la campaña Libres e Iguales para generar conciencia sobre la violencia, la discriminación y otras violaciones de los derechos humanos que afectan a la comunidad LGBTI y para promover la igualdad de todos independientemente de su orientación sexual y su identidad de género.


En septiembre de 2015, 12 entidades de las Naciones Unidas emitieron una Declaración Conjunta convocando a los Estados a actuar urgentemente para acabar con la violencia y la discriminación contra los adultos, adolescentes y niños LGBTI. Las entidades señalaron: “[N]os sigue preocupando gravemente que en todo el mundo, millones de personas LGBTI, las que son percibidas como LGBTI y sus familias, sean víctimas de violaciones generalizadas de sus derechos humanos. Esta situación es alarmante y es por ello que deben tomarse medidas al respecto.”

La Declaración señala que el hecho de no respetar los derechos humanos de las personas LGBTI y de no protegerlas frente a la violencia y la discriminación supone una grave violación de las normas internacionales en materia de derechos humanos. Estas fallas generan resultados negativos adicionales, como vulnerabilidad a las enfermedades, incluyendo la infección por el VIH, así como exclusión social y económica. Las entidades señalaron el impacto negativo de esa exclusión sobre el crecimiento económico, el trabajo decente y el progreso para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Además, destacaron que, bajo el derecho internacional, los Estados tienen la principal obligación de proteger a las personas ante situaciones de discriminación y violencia. Estas violaciones, por lo tanto, demandan una respuesta urgente de los gobiernos, los parlamentos, los poderes judiciales y las instituciones nacionales de derechos humanos.

El marco internacional de derechos humanos y las personas LGBTI



Los principios, las normas y los estándares de los derechos humanos son el núcleo de los esfuerzos por terminar con la discriminación contra las personas LGBTI. Esto no significa que se estén estableciendo nuevos "derechos LGBTI" que beneficiarán solamente a las personas LGBTI. Por el contrario, el derec

ho internacional de los derechos humanos deja claro que todas las personas, incluidas las personas LGBTI, deben estar protegidas contra la discriminación.

A lo largo del tiempo se ha desarrollado un marco internacional de derechos humanos que incluye declaraciones, tratados, organismos y mecanismos relacionados con los derechos humanos. Aunque la no discriminación por motivo de la orientación sexual, la identidad de género o las características sexuales no se menciona explícitamente en ningún tratado internacional sobre derechos humanos, esto no es necesario en absoluto para que quede claro que la discriminación por estas razones está prohibida. Los Estados están obligados a proteger a las personas LGBTI de la discriminación, y a responder con medidas concretas si esto sucede. De hecho, existe un conjunto cada vez mayor de leyes internacionales sobre derechos humanos en este área.

Muchos de los organismos responsables de interpretar los tratados de derechos humanos y monitorear su implementación han determinado que ha habido violaciones de los derechos de las personas LGBTI y han responsabilizado a los Estados de estas violaciones. Cuando los Estados Miembros han permitido a otros Estados Miembros revisar su historial sobre derechos humanos por medio del proceso de Examen Periódico Universal establecido por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, han recibido recomendaciones acerca de las maneras en las cuales los Estados deben cambiar sus leyes o tomar otras medidas para proteger los derechos humanos de las personas LGBTI (en este reporte en inglés puede encontrar más información a este respecto).

Le resultará útil familiarizarse con las declaraciones de derechos humanos, los mecanismos y organismos relevantes que han sido establecidos y que pudieran aplicarse a su país. Aquí puede leer más sobre los marcos regionales relevantes relativos a los derechos humanos.

Son de particular relevancia los Principios de Yogyakarta, un importante instrumento de los derechos humanos. Se trata de un conjunto de principios que aplican los estándares de la legislación internacional sobre derechos humanos a los problemas que afectan a las personas LGBTI. Los Principios de Yogyakarta identifican los derechos específicos y las obligaciones y deberes relacionados que corresponden a los Estados para garantizar que las personas LGBTI puedan ejercer y disfrutar de esos derechos. Aquí puede encontrar un resumen de los Principios de Yogyakarta.

La audiencia objetivo principal de los Principios de Yogyakarta son los Estados. Sin embargo, también contienen una cantidad de importantes recomendaciones ... para diferentes partes interesadas a cargo de la promoción y la protección de los derechos humanos. Los Principios abordan cómo las personas LGBTI han recibido o es probable que reciban un tratamiento desigual en la sociedad al acceder a servicios del Estado o al participar en la sociedad en general.


La situación de las personas LGBTI



El estigma, la violencia y la discriminación contra las personas LGBTI contribuyen significativamente a su exclusión de la sociedad, limitan su acceso a los servicios sociales y de salud e impiden su desarrollo social y económico.

Aunque se han hecho muchos avances importantes, las actitudes homofóbicas y transfóbicas, a menudo combinadas con leyes punitivas y/o falta de protección legal efectiva contra la discriminación, continúan exponiendo a muchas personas LGBTI en todo el mundo a graves violaciones de sus derechos humanos.

Actualmente, 70 Estados siguen criminalizando los actos sexuales consentidos entre personas adultas del mismo sexo y en 12 Estados se permite castigar tales actos con la pena de muerte. 

Muy pocos países reconocen legalmente la identidad de género de las personas transgénero, y solo dos países (Malta y Chile) ofrecen legislación dirigida a proteger los derechos de las personas intersexuales. Aun en países donde las leyes punitivas han sido derogadas y las actitudes sociales están cambiando, las personas LGBTI continúan siendo excluidas de muchas esferas de la vida y siguen siendo blanco de estigma, discriminación y violencia.

Una comprensión cabal de los impactos enormemente negativos en los derechos humanos y el desarrollo humano sostenible que causa la discriminación de las personas LGBTI es fundamental para su acción parlamentaria eficaz en cuanto a los problemas de las personas LGBTI.


Racismo, machismo, LGBTIfobia y coronavirus: ¿Qué va a matarme primero?




La narrativa de una pandemia exige una respuesta rápida y mecánicas de emergencia y urgencia que terminan por molestar la dignidad humana. Es decir, fallos sistémicos se manifiestan de manera explícita en este momento de pandemia, con situaciones que afectan a las personas y que exponen graves problemáticas sociales antiguas.


La crisis no afecta a todas las personas de igual manera. En muchos casos, la manifestación de la pandemia tiene una exposición exacerbada en personas vulnerables que ya estaban en gran dificultad sistémica, sufriendo con el contexto de crisis antes de que se iniciara la pandemia.

Lo que ocurrió con George Floyd y todas las protestas en Estados Unidos expone una mala experiencia social de modelo capitalista racista. La historia de muchos siglos de esclavitud en las Américas expone todos estos errores sociales múltiples en muchos niveles.

Con la crisis, se radicaliza una política de muerte que ya existía antes: ¿Quién debe morir? ¿Quién sirve al capitalismo y quién no? La vida y la muerte ahora se convierten en simples números y ya no se les da tanta importancia. Cuando se muere, tan pronto y con la prisa máxima, ya se está cubierto de tierra. No hay llanto ni despedidas.

El VIH ha afectado a la humanidad durante 40 años, pero hasta hoy, el VIH no se ha considerado como una crisis global, porque no se considera como humanos los cuerpos que toca el VIH. Lo que pasa es que se mata a las mismas personas que ya se mataban antes, pero de otras maneras. O sea, no importa si es coronavirus o si es una rodilla que aprieta tu cuello, el aire te va a faltar, hasta que te mueras, porque no consigues respirar.

Darnella Frazier, joven negra que grabó el vídeo de la trágica escena con George Floyd, hoy tiene que lidiar con algunas personas que la señalan en las redes sociales como culpable por no haber hecho nada. Se culpó del VIH a las personas LGBTI, mientras se culpa de la Covid-19 a la China comunista. Lo mismo que ocurrió con Darnella.

Aparte de las protestas, el confinamiento se ha convertido en una regla global. Se ha exacerbado la violencia a las mujeres y más de 70 países criminalizan la diversidad LGBTI de alguna manera. El aislamiento ha incrementado los problemas familiares y evidencia todas las cuestiones emocionales que ya estaban ahí. Es decir, gran parte de esta población sufre de violencia intrafamiliar y lo básico no está limitado a esta orden de “quédate en casa”.

Con esto, la pandemia expone lo malo que es este tipo de familia nuclear del siglo XIX, que se puso como referencia por una regla cis hetero machista agregada a un régimen de distanciamiento (mientras los esposos trabajan, las mujeres cocinan, y jóvenes LGBTI prefieren quedarse en casas de colegas, ya que en la suyas sufren discriminación). Esto contribuye a la creación de otras opciones de experiencia en términos de seguridad para personas LGBTI y mujeres y a la creación de otros tipos de organizaciones familiares.

Sin embargo, estos planes de cambio familiar necesitan una previa autonomía financiera. En general, las personas vulnerables se sostienen por trabajos informales: personas LGBTI, afros, indígenas, migrantes, jóvenes, mujeres, trabajadoras sexuales cis y trans. Con esta pandemia, el hambre está arropando a toda esta gente. Por esto, la regla de confinamiento es desigual: si se quedan en casa, sufren la violencia intrafamiliar, pero si no salen a la calle para vender algo (incluso servicios sexuales), saben que van a morir de hambre.

En la pandemia, también hemos visto la política de “pico y género” que, aunque se presentó como una medida “neutra”, no tuvo respeto con las personas LGBTI. La política de “pico y género” que se puso en algunos países de Latinoamérica se convirtió en una reproducción de la lógica transfóbica que molesta a las personas que no se encasillan como mujer u hombre y se quedaban sin saber si podrían transitar o no.

La política de aislamiento produjo una gran preocupación con las cuestiones de género y con el abuso de la fuerza de la policía en el toque de queda. En muchos lugares hay una tendencia de aprovechar el poder del Estado y la situación de emergencia para obtener toda la vigilancia y el control sobre la población.
El coronavirus ha afectado también la manera como nos relacionamos con las personas próximas y lejanas. La compañía de activistas se convirtió en una amenaza para la vida, pues el virus puede matar.

En 2019, antes de la pandemia, tuvimos muchas protestas en Latinoamérica, y, en este momento, se necesita pensar cómo la política activista y los movimientos se van a recomponer en el contexto de distancia segura.

Es posible comenzar a pensar que la pandemia estará con nosotras por largo tiempo, y que esto se va a convertir en cotidianidad. Pero tampoco queremos volver a aquella situación de antes de la crisis, que se puso como “normalidad”. Son más necesarias que nunca acciones sostenibles para fortalecer la red interpersonal de personas LGBTI, negras y otras personas vulnerables.

Todavía el acceso a Internet no es posible en algunos lugares. Es necesaria la búsqueda de una nueva manera de organizarse y de otros medios de compartir conocimientos para que las personas sepan cómo defender sus derechos en esta pandemia, desde el acceso al agua para lavarse las manos hasta el derecho a no morir.

Es necesario que se encuentren maneras de activismo seguro en esta pandemia, para mantener la visibilización de las situaciones de discriminación, incluso en las periferias y las ciudades lejanas, porque la cuarentena no quiere decir silenciamiento, y quedarse en casa no quiere decir quedarse callada.

Las personas que hoy hacen protestas han encontrado una manera de romper el silencio y luchar, porque saben que los sistemas, aunque en crisis, no consigue (ni quiere) cambiarse a sí mismo.